Bienvenido seas, lector llegado a este blog recién nacido. Acomódate, asegúrate de tener buena luz y se paciente con nuestros textos, sobre todo con los míos. SkySorbet me llaman, seré una de las plumas redactoras de Aleatoriza de aquí en adelante. Me gusta la reflexión y la interrelación de ideas, por lo que mi estilo tiende a ser concienzudo y metafórico. A esto además se le agrava el hecho de que por otra parte también escribo ficción, así que si sientes curiosidad allá también estás convidado.
Pero aquí no se tratará la literatura. Éste es un blog de opinión, y a ello lo dedicaremos.
Hacer funcionar un blog hoy día es cada vez más difícil. No será por las herramientas, puesto que el proceso tecnológico y el avance de la informática para todos permite abrir un cuaderno de éstos con sólo unos pocos clicks de ratón. Tampoco por recursos, cada mañana nace una nueva aplicación que facilita y renueva visual o funcionalmente la sangre de blogs y webs. Creo que la clave está en el factor humano. Y me explico:
El objetivo del blog de opinión ha sido y es ser el espejo de las reflexiones, vivencias, ocurrencias o gustos de su autor o autores. Algo así como un diario público, una gaceta libre de expresión hacia el vasto vasto mundo cibernético. Los motivos que conduzcan a abrir un blog pueden ser variados y distintos entre sí, pero al final el objetivo siempre coincide: que alguien te lea. Y aquí dispongo el primer estamento universal: se escribe para ser leído.
Puedes escribir un libro, un artículo, un informe, una lista de gustos, un recuento de gastos, una anécdota cualquiera, un comentario que has escuchado hace poco, una cita de cualquier genio que crees refleja tu apego a su opinión. Consciente o inconscientemente, lo que buscas es un reconocimiento, inmediato o posterior, sonoro o mudo (aunque de este último difícilmente puedes enterarte), una prueba de que el mensaje ha llegado, la seguridad de que cada una de las palabras que has escrito han pasado por ojos ajenos. El lector puede coincidir o discrepar con tu texto. Puede gustarle o parecerle horrible, pero por lo menos ha compartido algo de tu tiempo invertido. Se ha completado el trabajo, has conseguido enviar el mensaje.
Con la llegada de Internet, el individuo ha visto cómo aumentaban de golpe sus posibilidades de expresión. El foro mundial, la plaza donde participa prácticamente la totalidad de la humanidad. Internet ha venido a llamarse el centro donde se entrelazan todo tipo de opiniones, se comparten los debates clásicos y, en definitiva, donde cualquiera puede conocer la opinión de un desconocido.
Los blogs rápidamente se han alzado como la plataforma individual favorita para ello. Un lugar aparentemente cómodo y simple donde exponer de forma directa aquello que hierve en tu cabeza. Sin embargo, lo que Internet con una mano te ofrece, con la otra te lo quita.
Y es que cuando hablamos de la Red debemos tener en cuenta de que lidiamos con un ente inmenso, titánico, casi infinito. Con un espacio tan grande entre manos, suceden dos cosas: a) aglomeración de información y b) sedimentación progresiva de basura. Hay quien dice que una viene derivada de la otra. Yo no voy a liar más la traca.
En Internet se escribe, y se escribe mucho. Cada vez más, cada vez en más sitios pero no por eso cada vez mejor. Tampoco creo que se escriba peor, redactores decentes o incluso habilidosos e interesantes ha habido y habrán, por mucho que descienda la media general. El problema está en la expansión del nivel de mediocridad, de vacío, de falta de gancho. Es el síndrome "encoger los hombros". Muchos hablan, pero pocos dicen.
Leer no es fácil en Internet. Pero es que seleccionar lo potencialmente legible es cada vez más complicado. Conforme se unen nuevos hilos al ovillo, separar el grano de la paja se vuelve poco a poco más pesado y requiere más tiempo, sobre todo para los no iniciados. Esto puede ser una apreciación subjetiva de un exigente (como lo soy, debo admitirlo), pero al final todo se reduce a una cuestión de criterios.
Para leer se necesita tiempo y ganas. Es un acto de pura voluntad, un ejercicio de concentración y esfuerzo mental para nada gratuito. Es virtualmente imposible leer todo aquello que se ofrece en la red, está claro. Pero tampoco todos están dispuestos a entregar tiempo hacia textos que tal vez sean interesantes, buenos o incluso recomendables, y yo me incluyo en ese grupo. Internet te ofrece un sinfín de textos que se te presentan como ediciones con el mismo lomo, igual de atractivos a primera vista. Son letras sobre la pantalla, sin ningún atractivo físico que haga de reclamo más que su aparente figura llena de jugo de información. En un mundo lleno de estímulos visuales y entretenimientos a punta de boca, leer queda injustamente relegado en la actividad telemática diaria de muchos.
Porque esto no es una norma general. No estoy englobando a todos los cibernautas, ni mucho menos. Sin embargo, incluso para alguien como yo, que ama la lectura y disfruta de verdad cuando se topa con un buen texto, siente cómo en Internet sus esperanzas se ven frustradas y sus ánimos algo truncados. Más que paciencia, es un verdadero interés en buscar, escarbar hasta sacar a la luz los verdaderos filones.
Y después de todo lo dicho, de esta proclama que Me tacharía de exagerada, ¿por qué abrir un blog? Porque es egoísta y pointless guardarse las reflexiones para uno mismo y porque, a pesar de todo y rescatando la idea del principio, es un placer ser leído, por muchos, por pocos, por uno, o por uno mismo.
Salute.
Pero aquí no se tratará la literatura. Éste es un blog de opinión, y a ello lo dedicaremos.
Hacer funcionar un blog hoy día es cada vez más difícil. No será por las herramientas, puesto que el proceso tecnológico y el avance de la informática para todos permite abrir un cuaderno de éstos con sólo unos pocos clicks de ratón. Tampoco por recursos, cada mañana nace una nueva aplicación que facilita y renueva visual o funcionalmente la sangre de blogs y webs. Creo que la clave está en el factor humano. Y me explico:
El objetivo del blog de opinión ha sido y es ser el espejo de las reflexiones, vivencias, ocurrencias o gustos de su autor o autores. Algo así como un diario público, una gaceta libre de expresión hacia el vasto vasto mundo cibernético. Los motivos que conduzcan a abrir un blog pueden ser variados y distintos entre sí, pero al final el objetivo siempre coincide: que alguien te lea. Y aquí dispongo el primer estamento universal: se escribe para ser leído.
Puedes escribir un libro, un artículo, un informe, una lista de gustos, un recuento de gastos, una anécdota cualquiera, un comentario que has escuchado hace poco, una cita de cualquier genio que crees refleja tu apego a su opinión. Consciente o inconscientemente, lo que buscas es un reconocimiento, inmediato o posterior, sonoro o mudo (aunque de este último difícilmente puedes enterarte), una prueba de que el mensaje ha llegado, la seguridad de que cada una de las palabras que has escrito han pasado por ojos ajenos. El lector puede coincidir o discrepar con tu texto. Puede gustarle o parecerle horrible, pero por lo menos ha compartido algo de tu tiempo invertido. Se ha completado el trabajo, has conseguido enviar el mensaje.
Con la llegada de Internet, el individuo ha visto cómo aumentaban de golpe sus posibilidades de expresión. El foro mundial, la plaza donde participa prácticamente la totalidad de la humanidad. Internet ha venido a llamarse el centro donde se entrelazan todo tipo de opiniones, se comparten los debates clásicos y, en definitiva, donde cualquiera puede conocer la opinión de un desconocido.
Los blogs rápidamente se han alzado como la plataforma individual favorita para ello. Un lugar aparentemente cómodo y simple donde exponer de forma directa aquello que hierve en tu cabeza. Sin embargo, lo que Internet con una mano te ofrece, con la otra te lo quita.
Y es que cuando hablamos de la Red debemos tener en cuenta de que lidiamos con un ente inmenso, titánico, casi infinito. Con un espacio tan grande entre manos, suceden dos cosas: a) aglomeración de información y b) sedimentación progresiva de basura. Hay quien dice que una viene derivada de la otra. Yo no voy a liar más la traca.
En Internet se escribe, y se escribe mucho. Cada vez más, cada vez en más sitios pero no por eso cada vez mejor. Tampoco creo que se escriba peor, redactores decentes o incluso habilidosos e interesantes ha habido y habrán, por mucho que descienda la media general. El problema está en la expansión del nivel de mediocridad, de vacío, de falta de gancho. Es el síndrome "encoger los hombros". Muchos hablan, pero pocos dicen.
Leer no es fácil en Internet. Pero es que seleccionar lo potencialmente legible es cada vez más complicado. Conforme se unen nuevos hilos al ovillo, separar el grano de la paja se vuelve poco a poco más pesado y requiere más tiempo, sobre todo para los no iniciados. Esto puede ser una apreciación subjetiva de un exigente (como lo soy, debo admitirlo), pero al final todo se reduce a una cuestión de criterios.
Para leer se necesita tiempo y ganas. Es un acto de pura voluntad, un ejercicio de concentración y esfuerzo mental para nada gratuito. Es virtualmente imposible leer todo aquello que se ofrece en la red, está claro. Pero tampoco todos están dispuestos a entregar tiempo hacia textos que tal vez sean interesantes, buenos o incluso recomendables, y yo me incluyo en ese grupo. Internet te ofrece un sinfín de textos que se te presentan como ediciones con el mismo lomo, igual de atractivos a primera vista. Son letras sobre la pantalla, sin ningún atractivo físico que haga de reclamo más que su aparente figura llena de jugo de información. En un mundo lleno de estímulos visuales y entretenimientos a punta de boca, leer queda injustamente relegado en la actividad telemática diaria de muchos.
Porque esto no es una norma general. No estoy englobando a todos los cibernautas, ni mucho menos. Sin embargo, incluso para alguien como yo, que ama la lectura y disfruta de verdad cuando se topa con un buen texto, siente cómo en Internet sus esperanzas se ven frustradas y sus ánimos algo truncados. Más que paciencia, es un verdadero interés en buscar, escarbar hasta sacar a la luz los verdaderos filones.
Y después de todo lo dicho, de esta proclama que Me tacharía de exagerada, ¿por qué abrir un blog? Porque es egoísta y pointless guardarse las reflexiones para uno mismo y porque, a pesar de todo y rescatando la idea del principio, es un placer ser leído, por muchos, por pocos, por uno, o por uno mismo.
Salute.
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